Racismo en México: Identidad, storytelling y white saviors

Cuando hablamos de racismo en México, usualmente pensamos en personas descaradas que abiertamente muestran desprecio hacia personas negras o indígenas. Como una batalla entre buenos y malos, y que la misión final de la película (al puro estilo hollywoodense) es acabar con ese villano; una vez alcanzado ese objetivo el mal habrá terminado y todo mundo vivirá feliz para siempre.

Desafortunadamente, la vida real es mucho más cruda y dura que un guión de película de super héroes y villanos. En el caso del racismo -del que se ha hablado mucho más en los últimos meses en México- es el resultado de siglos de colonización en este territorio. En este artículo intentaré profundizar más en el tema desde la perspectiva y experiencia como fotógrafo y cocinero muy activo en mi comunidad.

Esta lectura será un poco pesada y larga. No quiero que el límite de palabras corte la intención que tengo al escribirlo, pero trataré de ser lo más ameno y claro posible. Para abordar el racismo, que es un tema bastante complejo, es importante tratar algunos conceptos.

Identidad

La identidad, sin necesidad de entrar en términos filosóficos, es el conjunto de rasgos que nos caracterizan, ya sea de forma individual o colectiva. También abarca nuestra autopercepción como personas y nos ayuda a diferenciarnos del resto. Esta identidad tiene una fuerte carga del entorno donde crecemos y nos desenvolvemos.

Así pues, el racismo es parte de nuestras vidas y sigue siendo una de las principales causas para que determinados grupos de personas sufran discriminación, violencia institucional y desigualdad en general debido al color de nuestra piel y a nuestro origen. En este contexto, la identidad juega un papel importante, del lado opresor y del lado oprimido.

Justamente estos rasgos (color de piel, origen) son los que definen cómo interactuamos en sociedad y cómo la sociedad ejerce juicios y lecturas sobre las personas. Es importante en este momento también introducir el término hegemonía. Hay un grupo hegemónico que tiene más poder y más dominio que otros: la gente blanca.

Para entender mejor el dominio hegemónico en que vivimos no podemos dejar de hablar de la colonización que han venido llevando a cabo los países europeos en el llamado Sur global; básicamente todo el continente africano, el Sureste Asiático y lo que se conoce como Latinoamérica (también llamada Abya Yala). Para poder realizar ese proceso expansivo y de conquista es necesario hacerlo a la fuerza y violentamente. Esto ha conllevado a esclavitud, genocidio y arrebato de propiedad de la tierra; siempre bajo un discurso condescendiente y eugenésico de superioridad racial (recordemos que el concepto racial es político, no biológico).

Después de las invasiones a los territorios, el establecimiento de colonias definió en el largo plazo procesos de mestizaje y aniquilación de los pueblos que habitaban originalmente estas regiones. Ambas metodologías con el mismo objetivo: blanquear a la población mientras se invisibiliza a quienes no encajan con ese estándar centrado en patrones europeos.

Bueno, esta explicación exprés de la colonización es todo un largo fragmento de la historia; y así como en todas las historias, hay personajes y moldes de personajes. Según su rol, tenemos a los protagonistas, los antagonistas o tritagonistas; según su imagen, tenemos arquetipos y estereotipos y también relevante para este tema, principales y secundarios. Pero, ¿qué tienen que ver todos estos conceptos de storytelling con el breve repaso del colonialismo? Para allá vamos.

Colorismo

Una gran forma de detectar y ejemplificar la hegemonía en una sociedad es poner atención a las historias que se cuentan y cómo se cuentan en ella. El storytelling al que se nos expone de manera cotidiana tiene una estructura bien definida de introducción-desarrollo-desenlace (aun cuando la línea de tiempo sea irregular). A quienes nos dedicamos a contar historias se nos enseña que hay siete tipos de historia, mismas que generalmente centran a un personaje principal como el héroe. Estas herramientas son muy útiles para empezar a identificar patrones en cómo se prioriza el desarrollo de personajes y su peso en las historias.

Dentro de este esquema para contar historias, y de tipos de personajes, podemos ver en las plataformas más poderosas en términos comerciales (desde el cine, la TV y ahora los servicios de streaming) una predominancia de personajes principales, protagonistas con color de piel blanca. Con esto también es importante mencionar que sí que hay películas o series con protagonistas de piel más oscura, pero la predominancia blanca es apabullante.

Pero más allá del porcentaje de personajes principales, resulta importante también notar la forma en que el bien y el mal son mostrados. Generalmente se trata de una dicotomía bien-mal y los buenos deben derrotar a los malos para establecer un equilibrio en el universo de esa historia. Si bien se muestran matices en la personalidad de los personajes y estos mismos pueden cambiar de bando, el equilibrio general de la historia tiende a terminar en un final feliz que nos produce un estado de paz y tranquilidad proporcionado por esa victoria del bien sobre el mal. Aunque esto es parte del dramatismo de las historias, nos ayuda a sumergirnos en realidades diferentes a la realidad plana de la que hacemos una pausa.

Regresando al tema principal de esta sección, el mal está representado por personas de color, o racializadas, como antagonistas, villanos, drug dealers, asesinos, sospechosos; mientras el bien está representado por personas blancas como protagonistas, héroes, guías, salvadores.

Esta hegemonía representada en las historias es un reflejo de la realidad que vivimos. En las sociedades occidentales se nos enseña que debemos cuidarnos de ciertas personas, de ciertos tipos de personas. El desarrollo de castas y la esclavitud durante los años en que la colonización ha ido avanzando y adaptándose para seguir perpetuando esa dominación social que le caracteriza. Este tema es polémico -aunque no debería serlo-. La blanquitud niega ser el lado opresor e incluso niega la existencia de la opresión misma, ya sea por culpa o por ignorancia.

Toda esta mezcla de narrativas y perspectiva sobre cómo contar una historia y su relación con cómo se viven diferentes realidades, aunado al arduo trabajo de denuncia y de replanteamiento de nuevas formas de contar historias que han tenido que emprender las personas racializadas, ha logrado que esa hegemonía reconozca los problemas a los que les ha sometido. El problema que encuentro es que aunque se reconoce que existe pobreza, marginación, criminalización y precarización hacia las personas negras e indígenas, no se reconoce la responsabilidad histórica por parte de esa maquinaria de la que formamos parte las personas blancas y de la que además nos beneficiamos.

Mestizaje

Con respecto a la blanquitud y a la calidad de mestizx y de vuelta al tema de las identidades, el concepto mestizo es una forma de borrar a través de la mezcla. La identidad de una nueva nación (en este caso la mexicana) ya no es indígena, afro ni española, sino la mezcla de ambas; entonces esa identidad monolítica pretende abarcar a toda la población, borrando a otras identidades que siguen existiendo y a las que geopolíticamente les tocó estar dentro del territorio definido dentro de esas fronteras políticas.

El mestizaje como narrativa de nación también es una historia que se nos ha contado, principalmente en la escuela, pero también en la tradición de identificarnos como personas mexicanas. En esa historia, aquellas personas que osen identificarse como algo diferente son consideradas retrógradas, ignorantes o inferiores. Recordemos que, de acuerdo con ese ojo europeo y criollo, la identidad de indio es caduca y necesita ser educada con base en los nuevos lineamientos de progreso, vanguardia y modernidad que la mezcla de las razas (definidas política y no biológicamente, reitero) ha dado como resultado. Es lo deseable ante los ojos de la sociedad. ¿No me creen? Les reto a escribir acerca de esto en sus redes sociales y verán la respuesta de sus contactos.

En otro momento también será importante ahondar en lo violento que resulta categorizar como indígena a todas las personas que no se identifican como mestizxs o mexicanxs como una sola categoría además creada por el mismo Estado; pero ese tema solito es otro artículo completo que además requiere de especialización en el tema, misma que yo no tengo.

En otros contextos como el de países donde no se usó el mestizaje como herramienta de borrado, sino la aniquilación o el aislamiento (Canadá y Estados Unidos son dos ejemplos) es muy fácil diferenciar la blanquitud solamente mediante el color de piel. Ahí la gente rubia es quien goza de los privilegios de esa hegemonía descrita arriba. Sin embargo, en lugares como México, donde el color de piel sigue siendo una limitante para quienes tienen un color más oscuro, el matiz se vuelve un poco más sutil conforme la piel se va aclarando. Personas que somos morenas, incluso con cabello negro, pero con tonalidades un poco más claras, podemos tener acceso a educación, servicios de salud y a no ser discriminadas, siempre y cuando logremos blanquear la imagen a través de vestimenta, forma de hablar, o lenguaje corporal.

Si vemos esta mutación en términos de storytelling, estamos tuneando a nuestro personaje en la historia para que tenga ciertas características, y eso reforzado con el estatu quo de mexicanidad, ayudará a que no suframos esa discriminación que podríamos sufrir por otros motivos como pobreza o lugar de origen. El punto aquí es que, como mestizxs, no es tan difícil ser parte de la blanquitud y eso nos coloca, en términos prácticos, como personas blancas.

Storytelling desde la blanquitud

Quisiera enfocar el tema del racismo que he desarrollado a lo largo de este artículo desde una perspectiva y terrenos conocidos para . La fotografía y contar historias son temas que me apasionan y han sido la forma en que me gano la vida a través de este proyecto.

Si volvemos a usar la herramienta de narrativas, contar historias y crear personajes no solo para forma profesional para un cliente o para visibilizar cierto tema, me parece muy interesante cómo es algo que hacemos en la vida cotidiana sin necesidad de dedicarnos a ello. Contar historias es algo inherente a la naturaleza humana, lo hemos hecho desde hace siglos y ha sido una gran forma de mantener el conocimiento que hemos generado, ya sea de manera escrita u oral.

Si bien las técnicas mencionadas arriba han sido formalizadas, ya podíamos hablar de villanos o de amenazas, y también de protagonistas y antagonistas. De las dicotomías en los roles y bandos no estoy tan seguro, pero este tema también da para crear otro artículo solamente para hablar de ello.

Hay otro punto muy importante que no he mencionado detalladamente en este texto. ¿Quién cuenta las historias?, ¿quién es la voz de las historias?, ¿quién es ese narrador (o narradora) de las historias que nos contamos internamente? Aquí es donde viene la crítica a la hegemonía. La voz blanca que escuchamos en esa dominancia de historias, la perspectiva blanca que nos coloca a un hombre blanco como héroe es la misma voz que tendemos a replicar de manera inconsciente por convención o por costumbre. Eso es lo que la vuelve hegemónica. Esto lo digo desde una perspectiva mestiza/blanca, que es mi realidad. Es importante también mencionar que no puedo apropiarme o hablar de cómo se cuentan historias las personas negras o racializadas en sus cabezas, pues esa no es mi realidad.

Y todavía un paso más allá, aun cuando los personajes dentro de las historias y que forman parte de ellas no sean blancos; ¿es una persona blanca contando esa historia? Este punto en específico es muy delicado, pues incluso con las mejores intenciones, si queremos contar una historia que no conocemos a fondo, que solo conocemos de manera superficial, corremos el riesgo de contar una historia desde esa perspectiva de privilegio, idealizar otras realidades de acuerdo con la nuestra, cometer errores, inexactitudes y, todavía peor, usar nuestras plataformas para difundir nuestra percepción para nuestro beneficio bajo el discurso de que el beneficio es para quienes escogemos para nuestras historias. No conocemos ni hemos vivido los problemas a los que se han enfrentado por siglos ante ese monstruo que les quiere desaparecer. Me gusta verlo en términos de analogías: ese monstruo que les quiere desaparecer y lo ha venido haciendo por siglos, somos nosotrxs mismxs; entonces, creo que se necesita mucha humildad para reconocerlo y después mucho trabajo para contrarrestarlo.

Del mismo modo en que contamos historias por medio de nuestro trabajo, tomamos fotografías a personas, pero también nos plantamos ante la sociedad de una forma u otra, cómo nos mostramos ante nuestra clientela y nuestras audiencias también cuenta como storytelling.

El eugenismo que el discurso colonizador define: las personas que esclavizamos y a quienes dominamos son inferiores, no son capaces de desarrollarse ni de valerse por sí mismas. Entonces, nos necesitan para salvarles. Esta concepción terrible da lugar a un personaje que me he topado en mis andares (y al que además, debo admitir, también he replicado en su momento): el salvador blanco.

Al inicio de este texto me refería a ejemplos de personas racistas cínicas que aceptan, sin darse cuenta o abiertamente, su racismo y desprecio hacia las personas racializadas. Este personaje que representa un villano en un contexto que está más alerta de las representaciones y expresiones racistas, sumado a la posibilidad de viralidad que nos ofrecen las redes sociales, hacen que la atención se centre en estos personajes más obvios.

Pero en términos de racismo, encuentro a otros personajes más dañinos; aquellos que no son villanos, o al menos no es la cara que muestran; son villanos disfrazados de benefactores, de héroes, de salvadores a quienes la configuración del storytelling en que vivimos les enaltece. Esa persona blanca que renuncia a sus privilegios para dedicar su vida -o su tiempo libre- a salvar a los indios o a los negros pobres que no se pueden valer por ellos mismos y siguen dependiendo de nosotrxs. El problema con este personaje y la adoración hacia su arquetipo es que invisibiliza la problemática real, que es un sector de la sociedad que ha venido desplazando, precarizando y matando por siglos a otro y no solo eso, también ha robado y plagiado su cultura sin retribuirles por ello.

Lo verdaderamente horrible de esa historia, además del personaje, es la maquinaria que le valida y, como ya dije arriba, le enaltece. Esa maquinaria y contexto me parecen más peligrosos que el personaje villano racista que solo es una cabeza de esa hidra. Esa es mi forma más lúcida de definir al racismo, pues todas las personas privilegiadas formamos parte de esa hidra. No solo el influencer que usamos como chivo expiatorio para lavar nuestras culpas y nuestra responsabilidad dentro de la sociedad donde vivimos. No solo se trata de no discriminar, sino también de desaprender la forma en que percibimos a las personas, la forma en que percibimos la belleza, la forma en que nos percibimos personalmente. Tener mucha autocrítica acerca de los juicios que hemos emitido y que seguimos emitiendo. Dejar de idolatrar o de demonizar a personas basándonos en su color de piel o por su forma de hablar.

Por otro lado, también es importante repensar la forma en como nos autopercibimos cuando contamos historias; tratar de imaginar otras realidades en esas historias que nos contamos y le contamos al mundo. Y cuando somos personas blancas y mestizas privilegiadas: ¿cómo nos acercamos a las personas racializadas?, ¿les respetamos cuando contamos sus historias o es solamente condescendencia? ¿Qué beneficio obtienen las personas de nuestro trabajo? ¿Qué beneficio obtenemos nosotros de ese trabajo? ¿Qué historia estamos contando y desde qué narrativas? ¿Desde qué perspectivas? ¿Conocemos realmente la realidad a la que se enfrentan nuestras y nuestros modelos?

Si llegaste hasta aquí, muchas gracias, es mucho texto y entiendo que es pesado leer tanto en pantalla. Si tienes algún comentario que agregar a esta gran problemática, por favor usa el formulario de contacto para mandarme tus impresiones, conclusiones y comentarios al respecto. Sé que son muchas preguntas para cerrar un artículo. Quiero dejarlo abierto por ahora para un segundo artículo relacionado con esto y con un enfoque más especializado en fotografía y creación de contenido.

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Referencias

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