Apropiación cultural en la comida

En términos de ganancias económicas, los chefs millonarios tienen una ventaja; pueden utilizar sus plataformas y restaurantes para llegar a un mercado más amplio. Modifiquen o no las recetas, pero en general, cuando asumen la autoría de las recetas, hay una desconexión política; el apropiador se convierte en una referencia de esa receta e invisibiliza a los grupos propietarios.

Vivimos en un mundo en el que la desigualdad sigue siendo un gran problema, y la apropiación cultural es un medio para mantenerla. Pero, ¿qué alternativas hay?

Hace unas semanas, el podcast Lost in Mexico publicó un episodio acerca de la apropiación cultural en la comida. Nita, Kiran y yo discutimos este asunto. El primer episodio cubrió entrevistas con chefs blancos millonarios y sus opiniones sobre el tema. En la segunda parte, hubo una perspectiva diferente de otras voces que no están de acuerdo con ellos, incluida la mía.

Uno de los aspectos que me parece relevante es el reconocimiento de los privilegios, así como trabajar en resolverlos. Que algunas personas los tengan tiene un precio: Quitárselos a otras. Pero, ¿por qué es relevante en este tema? Por las dinámicas de poder.

¿Qué es la apropiación cultural?

La apropiación cultural ocurre cuando un agente externo, de una cultura dominante, toma un elemento de una cultura oprimida sin devolver debidamente el valor extraído a los propietarios originales.

A menudo, la gente la confunde con la asimilación o el intercambio cultural. Es aquí cuando entra en juego el dominio de una cultura sobre otra.

Tenemos que pensar en dos dimensiones, global e históricamente. Los países europeos empezaron con el colonialismo moderno en África y más tarde en América y Asia, oprimiendo a los pueblos nativos, tomando los recursos y robando la tierra. El colonialismo terminó progresivamente cuando las colonias consumaron sus independencias y se convirtieron en países. Sin embargo, estas declaraciones fueron más bien una transición a un nuevo subsistema de dominación; los europeos emigrados y sus descendientes criollos en las colonias mantuvieron el poder sobre los pueblos nativos. Después, a través de tratados, posesión y concesiones de recursos naturales por parte de corporaciones extranjeras; el ascenso de nuevas potencias económicas como Estados Unidos, Canadá, Holanda o Suiza  y su intervención en los países con recursos perpetuando el extractivismo, nació el neocolonialismo.

Hay dos niveles de dominación, los países que han estado acaparando recursos extraídos de otras regiones. Una forma de colonización menos mencionada es cuando los estados extraen recursos dentro de territorio y culturas indígenas. En la actualidad, Europa y países como el Reino Unido, Canadá y Estados Unidos siguen extrayendo recursos de las que fueron sus colonias. Pero la extracción no es sólo material, también es epistémica.

El intercambio cultural se produce cuando un elemento pasa de una cultura a otra a través de los miembros de ambas partes. En términos gastronómicos, los tacos al pastor son un gran ejemplo. Los migrantes libaneses trajeron a Puebla, en México, su famoso shawarma en la década de 1920. Así empezaron a evolucionar con ingredientes locales, los cocineros y los negocios empezaron a hacer sus modificaciones y se convirtió en un taco que forma parte de la gastronomía regional y de la propiedad colectiva en ese estado y otros como la Ciudad de México.

Incluso en contextos colonialistas, esto es posible. El mole es otro ejemplo. Un platillo prehispánico que recibió la influencia de los ingredientes traidos por los colonizadores como el ajonjolí, las almendras y el pollo (solo por mencionar algunos), y luego evolucionó por siglos hasta convertirse en un plato que representa culturalmente a regiones y pueblos del centro y sur de México.

Implicaciones sociales

La extracción de elementos culturales para reutilizarlos sin la debida retribución responde a la continuidad de la dominación de culturas y naciones. La apropiación cultural es un síntoma del robo continuo, y de las estructuras y sistemas como el racismo y el capitalismo que lo soportan.

El borrado de culturas es un proceso que los colonizadores han realizado para obtener la propiedad de la tierra invadida. Hay dos formas de hacerlo. La primera es por segregación; tras la dominación de la cultura, los recién llegados establecen reservas en las que pueden vivir los nativos, segregados de la sociedad recién formada. Canadá y Estados Unidos son buenos ejemplos. La segunda forma es por asimilación. En lugar de aislarles, se les integra en la nueva sociedad; bajo el discurso de una nueva “raza” mixta. México y Colombia son buenos ejemplos. En español, este proceso se llama mestizaje: la unión de dos razas* para crear una nueva.

En México hay más de sesenta naciones, con sus lenguas y tradiciones. Están vivas y siguen existiendo hoy en día. Pero el concepto de mestizaje las agrupa en esta única categoría definida por el Estado: Indígena. Así, indígena + español = mestizo/a, y el mestizaje es la base de la identidad mexicana moderna.

El mestizaje busca excluir a las naciones internas como la Zapoteca, la Mixteca o la Chontal de la narrativa de lo que es México, al colocarlas a todas en un solo grupo. En el ámbito gastronómico, por ejemplo, al afirmar que un platillo como las Tetelas son mexicanas, invisibiliza su origen mixteco. Este contexto es relevante para enmarcar la apropiación y entender que puede ser realizada por agentes nacionales y extranjeros.

Ganancias con recetas ajenas

Las estructuras sociales y económicas facilitan que las personas de ciertos grupos tengan más oportunidad de exposición que otras. En los últimos años, gracias al auge de las redes sociales y los teléfonos inteligentes, ha habido un acceso más genealizado por parte de  las personas negras, indígenas y de color (BIPOC en inglés) tienen acceso a plataformas de autopublicación. En términos de quién cuenta las historias, esto es bueno porque están creando sus contenidos y narrativas.

En términos de ganancias económicas, los chefs millonarios tienen una ventaja; pueden utilizar sus plataformas y restaurantes para llegar a un mercado más amplio. Modifiquen o no las recetas, pero en general, cuando asumen la autoría de las recetas, hay una desconexión política; el apropiador se convierte en una referencia de esa receta e invisibiliza a los grupos propietarios.

Esto me parece problemático porque sus clientes y público no son necesariamente conscientes (ni les importa) de esta dinámica. Sus clientes buscan un tipo de experiencia concreta, y cuando la reciben de chefs, ellos recibirán el crédito. Y si vamos un paso más allá, aunque el chef reconozca la autoría bajo una etiqueta como comida mexicana, sigue borrando otras identidades que no necesariamente se adscriben a lo mexicano, aunque estén físicamente dentro del territorio que es México. ¿Y si se identifican como otra cosa? La nacionalidad mexicana como aglutinante puede ser violenta con otras soberanías que tienen derecho a ser reconocidas.

La extracción epistémica y las estructuras coloniales han borrado activamente las tradiciones y lenguas indígenas durante siglos. Considero que es responsabilidad del extractor entender y ayudar a reflexionar sobre estos problemas. Me parece irresponsable lucrar con el conocimiento, pero no relacionarse con el lugar y la gente de quien se extrae, además de no pagar por ello. Hacerlo contribuye al engranaje que pretende homogeneizar a las poblaciones bajo un discurso nacionalista.

¿Son posibles otras realidades?

Parece que las prácticas de apropiación no van a parar pronto. Sin embargo, ¿podemos transformarlas en otras más benéficas? Algunas ideas para un mejor escenario son:

  • Atribución de créditos. Claramente y en voz alta. Nada habla más fuerte que la transparencia.
  • Pago de derechos de autor. De manera justa. En economías que perpetúan la desigualdad, como la mexicana, donde el regateo y los bajos pagos a BIPOC están normalizados, pagar las regalías a precios de una economía global sería justo, por decir lo menos.
  • Crear lazos honestos y sólidos. Con la región/comunidad/pueblo del que se toman las recetas. Si hay comunicación y las necesidades de ambas partes se escuchan puede resultar en beneficios para ambas partes.
  • Construir comunidad. Creo que convertir la apropiación cultural en intercambio cultural es posible. Si se reconocen los problemas sistémicos y se rinden cuentas, el trabajo ético sucederá más fácil.

Un conocimiento más profundo de los problemas a los que se enfrenta la gente o con los que lucha es beneficioso. Ayudar a amplificar los mensajes que son difíciles de comunicar sería muy útil. No es raro que los grupos oprimidos sufran problemas como el racismo, la discriminación, el despojo de agua y tierras, las amenazas de muerte y el borrado de la lengua.

Si alguien con más riqueza, apoya a la denuncia de esos problemas, ayudaría a comunicar el mensaje de manera más eficiente. También ayudaría a reducir la brecha de otredad que se ha construido durante siglos.

Creo que si, otras realidades son posibles.

Notas / referencias

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